Lanzamiento
La justicia habla un lenguaje deliberadamente abstracto, eso lo sabe cualquiera que haya necesitado tramitar algo, lo que sea. En algunas ocasiones alcanza con atender el sentido vulgar de la palabra que nombra un acto judicial, para calar su carga humana.
Gramática de lanzamiento. El lunes siete de setiembre -a mitad de la mañana, alrededor de una decena de funcionarios estatales expulsaron de su hogar a una vecina de la Ruta 73. Ese acto se denomina lanzamiento, y es la ejecución efectiva de un proceso por desalojo ganado por un propietario. Las desalojadas fueron una mujer y tres niñas de 3, 12 y 13 años; el ganador del pleito -y el terreno, es un varón, padre de las niñas mayores. La magistrada actuante no atendió la causas de fuerza mayor que establece el artículo 8 de la Ley 15301, que para estas personas se configura plenamente.
Parafernalia de lanzamiento: alguaciles, abogados de partes; media docena de móviles incluyendo autos, celulares y motos; oficiales, clases y agentes policiales (varios embozados, con armamento anti motín terciado).
Escenas de lanzamiento: lo que fue camino de acceso a vivienda, se volvió exposición transitoria y a cielo abierto, de la materialidad de un despojo. Objetos que hasta esa mañana dieron forma al cotidiano vivir familiar, quedaron a intemperie pelada, antes de cargarlos -la vecindad, en sus propios vehículos, para llevar a sitios de cuidado. El lugar de arraigo de vida infantil se vuelve ajeno: aromas, formas, colores, texturas, andanzas, bichos, amistades, voces. Lo que fue la vida toda, de golpe es nada: ya no.
Contención de lanzamiento: Ivanna y sus hijas pudieran ser -a esta hora, cuatro números más en la contabilidad de personas “habitando calle” en ciudades uruguayas. Vidas a la intemperie y probables biografías para el estigma y la institucionalización. No lo son porque esta comunidad sabe cómo tejer redes para cuidar a quienes son lanzadas por lo patriarcal patrimonial que organiza a la sociedad y el derecho. Este siete de setiembre no “faltó Estado” en la Ruta 73: más bien sobró. Allí estuvieron la policía y el poder judicial, para lanzar hacia la nada misma, a un grupo familiar integrado por una mujer y tres niñas. También estaba la comunidad, amorosa y consciente. Cuando ya Ivanna ya marchaba -con sus niñas, hacia una casa transitoria que consiguió la comunidad, escuché todavía voces de vecindad organizando el cuidado de los perros que, por ahora, no tienen lugar con ellas.
RS










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