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Historias

La falta de transparencia detrás de la rambla en Punta Colorada y su daño ambiental irreversible

Andrés Blanco de Nativos Punta Colorada comparte su visión sobre la controvertida construcción de la rambla, cuestionando el impacto ambiental y la falta de transparencia en el proceso.

La nueva rambla que conectará Punta Negra y Punta Fría ha generado una fuerte división en la comunidad de Punta Colorada. La obra, que inicialmente fue planificada por la Intendencia sin estudios ambientales adecuados ni la debida autorización del Ministerio de Ambiente, ha sido foco de críticas por parte de los residentes, especialmente del colectivo ambientalista Nativos Punta Colorada. Andrés Blanco, integrante de este grupo, advierte que la construcción no solo ha afectado negativamente el entorno natural, sino que también ha puesto en evidencia la falta de compromiso de las autoridades con el resguardo del medio ambiente.

En entrevista, Blanco relata cómo la obra se llevó a cabo en contravención de las recomendaciones dadas por el Ministerio de Ambiente en 2019, cuando se indicó la necesidad de un estudio detallado para evaluar los impactos ambientales. La Intendencia, sin embargo, decidió proseguir con el proyecto, ignorando dichas objeciones. Como respuesta, los vecinos promovieron una medida cautelar judicial en 2022 para suspender las obras hasta que se completaran los estudios pertinentes. La justicia inicialmente falló a favor de los ambientalistas, pero más tarde, un tribunal de apelaciones permitió continuar la construcción, tras el supuesto desistimiento de la Intendencia sobre parte de la obra.

Sin embargo, en mayo de 2024, la Intendencia sorprendió a la comunidad retomando la obra con sus propios recursos, sin contratistas externos y sin permisos ambientales vigentes. Blanco señala que este accionar no solo incumple la ley de defensa de la franja costera, sino que también evidencia la ausencia de controles adecuados por parte del Ministerio de Ambiente, el cual se limitó a evaluar los daños una vez que la obra ya había avanzado. “La justicia no actuó a tiempo y las decisiones fueron tardías; el daño ya está hecho”, lamenta Blanco.

El impacto ambiental de la rambla ha sido significativo, afectando el sistema dunar y los ecosistemas que dependen de él. Según explicó Blanco, la playa y las dunas forman un sistema complejo donde el movimiento de la arena es constante y esencial para la salud del ecosistema. La construcción de la rambla interfiere con este proceso natural, poniendo en riesgo la estabilidad de las playas a mediano y largo plazo. “Cuanto más ancho sea el sistema dunar, mejor resiste el desgaste natural, pero una obra de estas dimensiones lo compromete seriamente”, sostiene.

A pesar de que la rambla está casi terminada, los miembros de Nativos Punta Colorada siguen buscando maneras de mitigar el daño. Entre sus propuestas está la eliminación de un estacionamiento que se construyó sobre un antiguo camino, lo que podría permitir la recuperación progresiva de las dunas. Blanco destaca que, aunque el daño ya está hecho, aún hay acciones que se pueden tomar para atenuarlo y evitar futuros problemas.

La comunidad está claramente dividida. Mientras algunos vecinos ven la nueva rambla como una mejora y una oportunidad para el turismo y el desarrollo, otros, como los integrantes de Nativos Punta Colorada, se oponen a la obra por los daños irreversibles que puede causar al entorno natural. Andrés Blanco subraya que esta división refleja una tensión más amplia entre el concepto de “progreso” y la necesidad de proteger el medio ambiente. «Hay una conciencia diferente hoy a la que había hace cinco o diez años, pero sigue faltando que quienes toman las decisiones realmente asuman el problema ambiental como prioritario”, afirma.

En medio de la controversia, Nativos Punta Colorada no se rinde. El grupo sigue organizando actividades de concienciación, reuniéndose con vecinos y participando en medios locales para visibilizar el problema. Además, el juicio principal contra la Intendencia y el Ministerio de Ambiente sigue en pie, con el objetivo de promover un plan de ordenamiento territorial que garantice una gestión adecuada y sostenible de la zona costera. Andrés Blanco concluye con una nota de esperanza: «A pesar de todo, creemos que estas semillas que estamos sembrando hoy podrán dar frutos a mediano plazo y cambiar la forma en que gestionamos nuestro entorno».

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